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When you’re consuming Spanish in written or spoken form, it’s easy to fall into Spectator Mode and spend hours listening or reading without actually producing any Spanish. The best way to avoid this trap is by creating: repeating out loud the content you’re consuming.

The first time you repeat a whole sentence, you’ll be using your short term memory. This means that a few seconds later, you’ll have probably forgotten most of the sentence. After you try to repeat it a couple of times, something interesting happens: you’re able to remember the words you’re familiar with, but there is always a few that keep slipping. Several repetitions later, you have no problem repeating the whole sentence from memory; in fact, it’s so internalized that you can still remember it an hour later.

Getting to that point isn’t easy, but it can be incredibly rewarding. By always working at the boundary of what you’re capable of, and getting immediate feedback after each attempt, you give your brain all the tools it needs to improve. This constant challenge is at the core of deliberate practice.

In the following video, I help you go through this process sentence by sentence. To make the process of sentence recall easier, I’ve given you a few words and left the others blank. Think of them as training wheels until you can close your eyes and translate and remember the whole sentence without any extra help.

Creo que ya va siendo hora de que hablemos de la historia de los Nachos.

La historia empieza en el año mil novecientos cuarenta y tres en Piedras Negras, una ciudad mexicana que hace frontera con Texas.

En esta ciudad había un restaurante donde trabajaba como encargado un tipo que se llamaba Ignacio Anaya.

En español es muy común usar diminutivos: si te llamas Francisco, te pueden llamar Paco; si te llamas Carolina, te suelen llamar Carol; y si te llamas Ignacio, lo normal es que te llamen Nacho.

Así que, Nacho Anaya estaba en su restaurante una noche, a punto de cerrar, y de repente entró un grupo de turistas americanas.

Se habían pasado el día de compras por la ciudad y querían cenar, pero el cocinero se acababa de ir y no había nadie más en la cocina. Para no quedar mal, Nacho les dice que no se preocupen, que va a intentar prepararles algo.

No tiene ni idea de qué puede hacerles, pero cuando llega a la cocina se pone a improvisar. Corta unas tortillas de maíz en triángulos, las fríe, pone queso rallado por encima, añade unos jalapeños en rodajas y lo mete todo en el horno. Unos minutos después, sale de la cocina con un plato en la mano:

—Aquí tienen señoras: «Los especiales de Nacho. Nacho’s specials»

No sé si fue porque nunca habían probado nada parecido o porque estaban muertas de hambre, pero parece ser que les encantó. Me las imagino al día siguiente contándoselo a todo el mundo:

—No sabes lo que nos pasó ayer. Mira, habíamos ido de compras y cuando por fin terminamos y fuimos a cenar algo todos los restaurantes ya habían cerrado. Menos mal que al final encontramos uno donde nos prepararon un plato que estaba buenísimo.

Gracias al boca a boca, los Nachos se hicieron famosos y empezaron a extenderse por todo Estados Unidos. Pasaron de ser un plato improvisado a última hora a uno de los aperitivos más típicos en la mayoría de los bares.

Así que la próxima vez que conozcas a alguien que se llama Nacho, recuerda que mucho antes de ser un plato, ya era el nombre de una persona.

Repeat until you’ve mastered it

The point of this exercise is to help you internalize sentence structures that you’re not familiar with. By listening to the native audio, reading the transcription, and repeating each sentence from memory, you’re activating different parts of your brain and creating multiple reference points.

The work that you put in now will be a huge help when it’s time to have a real conversation.

If you want to practice more, try last week’s video: Fluent & Confident Spanish.

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