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When you’re consuming Spanish in written or spoken form, it’s easy to fall into Spectator Mode and spend hours listening or reading without actually producing any Spanish. The best way to avoid this trap is to repeat out loud the content you’re consuming.

The first time you repeat a whole sentence, you’ll be using your short term memory. This means that a few seconds later, you’ll have probably forgotten most of the sentence. After you try to repeat it a couple of times, something interesting happens: you’re able to remember the words you’re familiar with, but there is always a few that keep slipping. Several repetitions later, you have no problem repeating the whole sentence from memory; in fact, it’s so internalized that you can still remember it an hour later.

Getting to that point isn’t easy, but it can be incredibly rewarding. It’s almost like you have native superpowers. By always working at the boundary of what you’re capable of and getting immediate feedback after each attempt, you give your brain all the tools it needs to improve. This constant challenge is at the core of deliberate practice.

In the following video, I help you go through this process sentence by sentence. To make the process of sentence recall easier, I’ve given you a few words and left the others blank. Think of them as training wheels until you can close your eyes and translate and remember the whole sentence without any extra help.

Hoy quiero hablar de una de mis mayores aficiones: la siesta. Yo me echo una siesta todos los días, y no porque sea español, sino porque cuando me despierto, me siento como si hubiera rejuvenecido diez años.

Mucha gente cree en el estereotipo de que en España nadie trabaja de 15:00 a 17:00 de la tarde porque estamos durmiendo la siesta, pero esto es completamente falso. Lo que sí es verdad es que la pausa para comer en colegios, oficinas y negocios suele ser de una hora o dos.

En el colegio, por ejemplo, algunos niños se quedan a comer, pero otros comen en casa y necesitan suficiente tiempo para ir y luego volver a clase.

La mayoría de tiendas fuera del centro de la ciudad también suelen cerrar dos horas para comer. Sobre todo por tradición—siempre se ha hecho así y no es una hora en la que suela haber muchos clientes.

En las oficinas, muy poca gente tiene la suerte de poder irse a casa para comer y echarse una siesta. En España, la idea de dormir en la oficina está tan mal vista como en Estados Unidos.

Y hablando de «echar», ¿por qué decimos «echarse una siesta»?

Echar significa «to throw or to throw out»: echar una carta al buzón o echar a alguien de un sitio. En inglés las siestas se cogen (to take), en francés y en italiano se hacen (faire, fare), pero en español se echan; quizás porque «echarse» se puede usar como sinónimo de «tumbarse».

Pero, ¿qué es una siesta exactamente?

Para mí una siesta es algo intermedio entre una microsiesta y una macrosiesta.

La microsiesta es la que te echas en el bus, cuando se te empieza a caer la babilla y acabas apoyando la cabeza en el hombro del que tienes al lado.

La macrosiesta es la que dura dos o tres horas y cuando te despiertas no sabes ni dónde estás, ni qué hora es, ni cómo te llamas.

Mi definición de siesta es lo que en inglés se conoce como una «power nap». En español lo podríamos traducir como una «siesta regeneradora», aunque yo prefiero llamarla una «siestita».

—Me estoy quedando dormido. Voy a echarme una siestita.

Yo, si no me echo una siesta después de comer, no soy persona. Me paso el resto de la tarde dando cabezadas y rindo mucho menos. Llevo años durmiendo una siesta diaria—a veces dos al día—y cada vez que me despierto me siento como nuevo. Ni siquiera me hace falta poner el despertador: miro el reloj antes de dormirme y a los veinticinco minutos me salta la alarma mental.

Esa es la clave para evitar sentirte como un zombi cuando te despiertas: no cruzar la barrera de la media hora. Si te pasas, olvídate de ser productivo en lo que te queda de día.

Los motivos por los que la gente no se echa más siestas suelen ser dos:

El primero es que todavía hay gente que piensa que las siestas son cosa de vagos y que la mejor forma de no tener sueño es beber más café. Por suerte, cada vez hay más estudios que demuestran que una siesta de media hora mejora la productividad y la capacidad de aprendizaje, así que este argumento no tiene mucho futuro.

El segundo motivo es que no siempre es fácil encontrar un sitio donde poder tumbarte, con algo de privacidad y sin demasiado ruido. Hasta que las empresas no empiecen a crear salas especiales para echarse la siesta habrá que contentarse con sofás y sillones perdidos por algún rincón del edificio.

Si no tienes la costrumbre de dormir la siesta, te recomiendo que lo pruebes. Busca un sitio donde te puedas tumbar media horita, usa tapones o un antifaz si te molesta el ruido o la luz, pon la alarma y a dormir. En los últimos cinco años, yo me habré echado unas 1800 siestas y no me arrepiento de ninguna.

Repeat until you’ve mastered it

The point of this exercise is to help you internalize sentence structures that you’re not familiar with. By listening to the native audio, reading the transcription, and repeating each sentence from memory, you’re activating different parts of your brain and creating multiple reference points.

The work that you put in now will be a huge help when it’s time to have a real conversation.

If you want to practice more, try last week’s video: Dancing in Spain.

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