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When you’re consuming Spanish in written or spoken form, it’s easy to fall into Spectator Mode and spend hours listening or reading without actually producing any Spanish. The best way to avoid this trap is to repeat out loud the content you’re consuming.

The first time you repeat a whole sentence, you’ll be using your short term memory. This means that a few seconds later, you’ll have probably forgotten most of the sentence. After you try to repeat it a couple of times, something interesting happens: you’re able to remember the words you’re familiar with, but there is always a few that keep slipping. Several repetitions later, you have no problem repeating the whole sentence from memory; in fact, it’s so internalized that you can still remember it an hour later.

Getting to that point isn’t easy, but it can be incredibly rewarding. It’s almost like you have native superpowers. By always working at the boundary of what you’re capable of and getting immediate feedback after each attempt, you give your brain all the tools it needs to improve. This constant challenge is at the core of deliberate practice.

In the following video, I help you go through this process sentence by sentence. To make the process of sentence recall easier, I’ve given you a few words and left the others blank. Think of them as training wheels until you can close your eyes and translate and remember the whole sentence without any extra help.

Bueno, bueno, bueno, ¡no sabes lo que me pasó ayer!

Bueno, pues ayer, estaba en casa, tumbado (me acababa de despertar de la siesta), y me doy cuenta de que no tengo nada para cenar. Voy a la nevera y está completamente vacía. Así que digo, venga: «Vamos al súper».

Cojo el casco de la bici, un par de bolsas de la compra, la mochila y las llaves.

Saco la bici, cierro la puerta de casa y salgo a la carretera. Yo vivo a unos quince minutos del supermercado más cercano.

Bueno… hay otro más cerca, pero es súper caro y la fruta no es que sea gran cosa…

Pero bueno, da igual. Que me estoy liando. El tema es que entro en el súper, y empiezo a llenar un carro con la comida para dos semanas porque a mí ir al supermercado me da mucha pereza y prefiero hacer una compra grande que muchas pequeñas. Voy a la caja, y empiezo a meterlo todo en bolsas mientras el chico me va cobrando.

Cuando termina, me dice: «Son ciento cuarenta y ocho». Voy a sacar la cartera para pagar pero no la encuentro por ningún sitio.

Pruebo en todos los bolsillos del pantalón, miro dentro de la mochila, vuelvo a comprobarlo todo mil veces, pero nada. No encuentro la cartera. ¿Pero me la traje o no me la traje? Miro al cajero y le digo:

Mira, perdona, pero no sé si he perdido la cartera o me la he dejado en casa. ¿Qué hacemos ahora?

Y me dice: «Espera, que llamo un momento al encargado». Viene el encargado y me dice que no me preocupe, que me guardan la compra en la recepción para que pueda ir a casa y volver.

Así que nada, me vuelvo a montar en la bici, quince minutos hasta llegar a casa y cuando voy a entrar… Las llaves. No encuentro las llaves.

¿Por qué? Porque están en la mochila, que está en la recepción del supermercado, que está a quince minutos en bici.

En ese momento, no sé qué hacer. ¿Con qué cara voy yo ahora al supermercado y les digo que sigo sin poder pagar la compra, pero que necesito que me den mi mochila porque tengo que coger las llaves para entrar en casa?

Así que hago lo único que se me ocurre en ese momento: saco el móvil y llamo a un par de amigos que viven cerca para ver si alguno me puede prestar el dinero.

Por supuesto, siguiendo la ley de Murphy, ninguno contesta.

Mientras decido si tiene más sentido volver al supermercado o seguir esperando a que uno de mis amigos me responda, me pongo a mirar el correo.

Y el primero que veo tiene como asunto «Cartera». Lo abro y dice:

Hola Nacho,

Creo que acabo de encontrar tu cartera en el aparcamiento del supermercado. He buscado tu información de contacto en Google y por las fotos que he visto, creo que eres el mismo que el que sale en tu carné. Me parece que no te han robado nada porque veo varias tarjetas de crédito y un par de billetes.

Dime cuál es la mejor forma de devolvértela, o si prefieres que te la mande por correo. Me puedes llamar a este número…

Bueno, ¡menos mal! Resulta que la cartera se me había caído al bajarme de la bici. Llamo a este chico, quedamos en un sitio para que me la devuelva, le doy las gracias mil veces, y por fin, voy al supermercado y pago la compra.

Lección aprendida: no te guardes la cartera en el bolsillo de atrás y cuando te encuentres la cartera de alguien en la calle, búscalos en Google.

Repeat until you’ve mastered it

The point of this exercise is to help you internalize sentence structures that you’re not familiar with. By listening to the native audio, reading the transcription, and repeating each sentence from memory, you’re activating different parts of your brain and creating multiple reference points.

The work that you put in now will be a huge help when it’s time to have a real conversation.

If you want to practice more, try last week’s video: La Siesta.

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